jueves, 20 de agosto de 2009

Por el camino de la decepcion - Víctor Ostrovsky y Claire Hoy

No me ha resultado fácil revelar los hechos que conozco desde mi ventajosa perspectiva tras los
cuatro años pasados en el Mossad.
Procedente de un apasionado entorno sionista, me habían inculcado que el Estado de Israel era
incapaz de actuar injustamente, que éramos como David en su interminable lucha contra un Goliat cada vez más gigantesco y que únicamente podíamos confiar en nosotros mismos para protegernos, sentimiento consolidado por los supervivientes del holocausto con los que convivíamos.
En nosotros, la nueva generación de israelíes, la nación que había renacido en su propia tierra tras más de dos mil años de exilio, se confiaba totalmente el destino de la nación.
Los comandantes de nuestros ejércitos eran considerados campeones, no generales; nuestros
gobernantes eran capitanes que guiaban el timón de un gran navio.
Me sentí lleno de júbilo cuando fui escogido y se me concedió el privilegio de incorporarme al que meparecía el equipo más escogido del Mossad.
Mas los retorcidos ideales y el egocéntrico pragmatismo que encontré dentro de la organización,
junto con la codicia, avidez y absoluta falta de respeto del equipo hacia la vida humana, me
impulsaron a narrar esta historia.
Porque amo a Israel como un país libre y justo arriesgo mi vida haciéndolo así, enfrentándome a
aquellos que se arrogaron el derecho de convertir el sueño sionista en la actual pesadilla que
vivimos.
El Mossad, organización de los servicios secretos a la que se había confiado la responsabilidad de
allanar el camino de los dirigentes políticos de la nación, ha traicionado esa confianza. Conspirando en beneficio propio y en pro de razones mezquinas ha conducido a la nación al enfrentamiento en una lucha sin cuartel.
No puedo seguir guardando silencio ni exponer la verosimilitud de este libro simulando la
realidad bajo falsos distintivos y oscuras identidades (aunque he utilizado las iniciales de
algunos miembros del personal activo para proteger sus vidas).

Iacta
alea est: la suerte está echada.

Víctor Ostrovsky
Julio de 1990 .

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